Conocí a Raimon Panikkar en el año 1996, en Madrid. Por entonces, tenía yo 23 años y acababa de crear en la Universitat de les Illes Balears la delegación autonómica de la ONG universitaria Solidarios para el Desarrollo.
De la mano del presidente de Solidarios, José Carlos García Fajardo, fui a un encuentro de delegados en Madrid y allí nos esperaba la sorpresa de la presencia de Raimon Panikkar entre los asistentes. Yo no le conocía y casi no había oído hablar de él, aunque sabía que era un prestigioso filósofo.
Sólo con verle ya me di cuenta de que era una persona especial. Desprendía una aureola de carisma. Por entonces yo no lo sabía, pero estaba escuchando a la que posiblemente sea una de las personas que más ha influído en mi manera de interpretar la vida. Bastaron dos frases para hacerme comprender que la sabiduría poco o nada tiene que ver con la inteligencia y me introdujo el concepto de ecosofía, del que ya hablé en este mismo blog hace 5 años.
Después, por pura casualidad, a la hora de la comida me sentó a su lado y estuvimos hablando un buen rato de las cosas más sencillas y más complejas. No recuerdo exactamente la conversación, pero sé que me sorprendió que un filósofo de 77 años supiera tanto de astrofísica. Y también recuerdo como alguien le llamó “maestro” y cómo éste se ofendió diciendo que ni mucho menos nadie debería llamarle así y como sólo esperaba que fuera la propia vida quien le pusiera ese calificativo.
Cuando volví a Palma, mi suegra me pidió cómo me había ido el encuentro y le conté que había conocido a un tal Raimon Panikkar, pensando que tal vez para ella no tendría mucha relevancia. Recuerdo cómo se le encendió la cara y le brillaron los ojos diciéndome “¡¡¿pero es que has estado con Raimon Panikkar?. ¿El filósofo?!!”. Sí, le dije, ¡y he estado hablando con él un buen rato!. La sana envidia de mi suegra me dio a entender la enorme fortuna que tuve al poder compartir unas horas con él. Y también recuerdo como esta anécdota nos ha dado pie a mi suegra y a mi para hablar de Raimon Panikkar en diferentes ocasiones desde entonces.
Un par de años después de ese encuentro publicó su libro “Invitación a la sabiduría” que, con el tiempo, se ha convertido en uno de mis preferidos; un referente importante en mi vida.
Ayer, 26 de agosto, Raimon Panikkar falleció en su casa de Tavertet, a los 91 años. Como ha dicho hoy su gran amigo García Fajardo, “por esperado, no deja de conmocionarme, aunque sin entristecerme”. Descansa en paz Raimon. Gracias por regalarme tu visión del mundo.







