Soy consciente de que mi influencia en la blogocosa es baja. No soy un Ricardo Galli ni un Enrique Dans. Tampoco lo pretendo, aunque para ser sincero y honesto conmigo mismo, no estoy falto de orgullo y a veces miro las estadísticas con cierto pesar comparativo.

Para llegar ahí me faltan muchas cosas. Para empezar, más constancia. Luego, artículos más interesantes o al menos que sean más interesantes para la mayoría de la blogosfera. Quizás finalmente algún título universitario rimbombante como “máster en arpegiados y macramé tecnológico” y una foto en blanco y negro con pose interesante. Pero aunque a veces pego algún video de Youtube, estoy satisfecho de no ser en general un copypasteador (toma patada al diccionario), sino que genero y expreso mi opinión.

Esta parrafada me sirve para ir a lo que iba, y es que de entre las cosas que se me escapan, una de ellas es la tecnología que subyace en los blogs y de la que no entiendo demasiado. Acabo de recibir un email de Zync diciéndome lo siguiente:

Hace unos días varios blogs importantes sufrieron un descenso de PageRank, el índice de popularidad de Google. Al parecer ésta empresa ha penalizado algunas webs que han comprado y/o vendido enlaces sin el tag “nofollow”. Según Google, estas prácticas desvirtúan los resultados de las búsquedas que ofrecen.

Se ha hablado mucho sobre si eso afecta o no a los análisis patrocinados; por lo tanto si afecta a Zync.es. Nosotros creemos que no, y de hecho no tenemos constancia de que por pertenecer o hacer análisis para Zync se haya penalizado a nadie.

Yo tampoco lo sé. Sí estoy seguro de que tengo un enlace a Zync en la barra lateral y que jamás he comprado o vendido enlaces. Sí estoy seguro también que siempre he tenido el PageRank de Google a 3 y ahora mismo lo tengo a 2. Seguramente es muy pobre, pero si nadie me enlaza, tampoco me voy a poner a llorar ni a reclamar enlaces por ahí. Por cierto, tampoco he recibido análisis de Zync para realizar en todo este tiempo, así que digamos que por ahora salgo perdiendo yo. Vamos, que o soy un niño malo que pone publicidad de otros que no son Google, o soy un blogueador malo al que nadie lee. O las dos cosas.

Después de darle muchas vueltas al tema, al final te dicen que resulta que el Pagerank es de Google, que es privado y secreto, y que por tanto, pueden hacer con el numerito lo que les dé la gana. Es decir, como cualquiera, y a pedir explicaciones a otra parte que nadie te ha dado vela en este entierro y te has metido porque te ha dado la gana.

En definitiva, las medallas que quiera colgarte (o quitarte) Google son las mismas que las de Alexa, Technorati o Menéame, por proponer algunos. Considerar un post interesante no obliga a que te lo enlacen por ahí y, como ejemplo, hay por este blog un post con 36 comentarios acerca de la ONG que he presidido este último año, casi todos de alumnos de secundaria de un instituto de Mallorca. Influencia en la blogosfera, cero patatero (nadie ha enlazado). Influencia en 100 jóvenes de secundaria, no se puede medir, aunque no voy a dar ideas porque los de Google son bien capaces de pasearse por los institutos de medio mundo a realizar encuestas de blogoinfluencia.

Y viceversa. Hay posts totalmente infumables que la gente se ha esforzado en difundir y han hecho de sus autores semihéroes temporales a costa de ensalzarlos o mofarse de ellos. Aquí, un ejemplo.

Conclusión: parece que la tecnología no nos deja ver el progreso. O puestos a inventar palabros, la blogocosa sufre un grado importante de endoblogocosismo. Y a ver cómo salimos de ahí.

Categories: Sin categoría

Leave a Reply


Twitter updates