Hace unos dÃas salió a la palestra que la discoteca Pachá de Valencia sortearÃa una operación de aumento de pecho entre las asistentes. Al margen de si estas prácticas son éticas o no, y donde cada uno seguro que tendrá su idea al respecto, lo que quiero contar hoy es un caso que me ha dejado perplejo y que tiene que ver con el tema.
Hará unos 10 años conocà a una chica guapÃsima (era un hecho objetivo porque todos opinábamos lo mismo) y de la que mantendremos el anonimato. Por entonces ella no tendrÃa más de 18 años. Como es lógico, entre que no se me dan bien las chicas guapÃsimas y que además estaba en proceso de casarme, la cosa no estaba como para nada más. Con los años he ido recibiendo noticias de ella a través de conocidos comunes y la verdad es que no han sido muy buenas. Drogas, sexo sin contemplaciones, pruebas de SIDA y, lo más alucinante para mÃ, operaciones de cirugÃa estética. Aumento de pechos, retoques por aquà y por allÃ… Yo no daba crédito a lo que oÃa hasta que hace un par de dÃas, por casualidad, vi una foto suya actual en Facebook. Me quedé absolutamente de piedra. Estaba contemplando a un monstruo de cara deformada por la cirugÃa que no ha cumplido todavÃa los 30 años. No podÃa creer que fuera ella.
Nunca habÃa estado en contra de la cirugÃa estética bien argumentada. Puedo entender las causas por las que uno/una decide ponerse en manos de un médico para cambiar algo de su aspecto: recuperar algo de la figura después de tener hijos, quitarse algunas arrugas o algún michelÃn… pero no puedo entender porque a los 20 años y con una figura perfecta en todos los aspectos, alguien decide cambiarse de este modo y por qué sus amigos no lo impidieron. A lo Michael Jackson, se puede pasar de ser un hombre negro atractivo a una mujer blanca fea por la gracia del bisturà y es una pena que casos como el que cuento ocurran tan a menudo.





















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