No es que quiera seguir abundando en el tema, tan manido ya, de que los cubatas servidos en los conciertos devengan derechos de autor.

Sin embargo, por entrañable, quiero contar la historia que me refirieron hace dos días.

Se celebró hace unos años un concierto gratuito en Ses Voltes de Palma en defensa de una causa X (temas de conflictividad laboral y posible cierre de una empresa pública). Para poder llevarlo a buen término se pidió al personal reivindicativo de esta empresa que, para sufragar los gastos, hicieran alguna cosa que se pudiera vender durante la celebración del espectáculo.

Así que, mi amiga, ni corta ni perezosa, se puso a hacer un par de cocas dulces. Sin embargo, al poner el pequeño stand en Ses Voltes y situar ahí sus cocas, hizo acto de presencia el señor inspector de la SGAE reclamando el diezmo por la venta de las cocas. Mi amiga, perpleja, no acostumbrada a este modus operandi, no entendía cómo es posible que una coca hecha con sus manos, “con huevos de la abuela”, tuviera que pagar nada a una entidad de gestión de derechos de autor.

Años después, sigue sin entenderlo. No sabe qué derechos devenga la coca con huevos de la abuela en un concierto gratuito y benéfico. Sin embargo, según ley, no es más que otro caso del típico alimento con propiedad intelectual.