Hace cosa de un mes escribí acerca de cómo la patria me vino a buscar porque me necesitaba para la fiesta de la democracia. Así que ayer estuve todo el día en una mesa electoral celebrando el festorro. Aunque lo suyo hubiera sido ir blogueando durante el día, las circunstancias no lo permitían, así que vaya a continuación la crónica de los hechos con un poco de retraso.
A las ocho de la mañana estábamos todos citados en el Colegio. Cuatro mesas electorales, tres elegidos por mesa con sus dos sustitutos cada uno, formábamos los 36 elegidos para la gloria electoral. Como todos los titulares llegamos a tiempo, los sustitutos se fueron yendo a las primeras de cambio, así que pronto nos quedamos sólo los 12.
Un sobre por mesa con todas las instrucciones. Una única persona de la administración central para dar las cuatro explicaciones básicas, y en mi caso, una única presidenta de mesa con escasa capacidad de liderazgo y, no obstante, impresionante capacidad para liarla, por no hablar de sus maneras pijas y susss essssessss o ssssssea que me pusieron frenético de principio a fin de la jornada.
Constituidas las mesas, no sin antes habernos puesto en la que no tocaba, la primera alegría del día. Un señor me hizo firmar un documento conforme yo era el vocal primero de la mesa y me entregó un talón al portador de 60 euros. Y venga, a abrir las mesas que son las 9 de la mañana y la gente tiene ganas de votar.
El procedimiento es, como cualquiera que fue a votar pudo ver, totalmente anacrónico, lento, poco fiable y algunos adjetivos más que me guardaré en la recámara. Llega el votante (a veces con su voto y a veces sin él), enseña el DNI, la pressssssidenta o sssssssea me lo enseña para que lo busque en un lista en papel de 919 censados (ordenados alfabéticamente, menos mal) y, encontrado, canto el número de orden de censo, que el vocal segundo apunta en una lista junto con el nombre completo, número de voto y urna en la que deposita su voto. Todo ello con un boli BIC y formulario en papel. Después la presssssidenta o sssssea coge el voto y lo introduce en la urna. Se le devuelve el DNI al votante y así, en nuestro caso de ayer, hasta 634 veces.
Si el procedimiento en sí es aburrido, el trasiego de los militantes políticos durante el día no tiene desperdicio. Cabe decir que, con diferencia, los más organizados eran los apoderados del Partido Popular. En el caso de mi Colegio, apoderadas. Concretamente tres jubiladas, una de ellas bisabuela de 72 años. Llevaban sus listas censales pre-impresas, y en ellas, marcadas en azul las personas que eran consideradas afines para saber si tenían que pasar a votar o ya habían votado. Organización sincronizada.
En cambio, los del PSOE ya no estaban tan bien organizados. Inicialmente sólo había uno y con una prepotencia que le llevaba a acercarse constantemente a la mesa para decirnos lo que teníamos que hacer. Después vinieron dos más ycomo ya estaba entretenido, ya molestó menos. El de Unitat per les Illes vino casi el primero y fue muy amable, mientras que la de Izquierda Unida llegó mucho más tarde, pero con muchas ganas de echar un cable en lo que pudiera. Del resto de partidos políticos, no tuvimos noticias a lo largo del día.
Quiero reseñar aparte el caso de los apoderados del PSOE porque dieron una imagen más que lamentable. Que nadie vea aquí nada más que lo que digo, pero lo que no se puede es llegar a las cuatro de la tarde con una borrachera descomunal, hasta el punto de que uno de ellos se tambaleaba y lograba sostenerse en pie a duras penas. Si uno se quiere emborrachar, que lo haga tranquilamente, pero no en una jornada en la que supuestamente está trabajando, y más cuando se supone que es la cara visible de su partido frente al censo de ese colegio, la administración y las personas como yo que estábamos ahí obligados por el imperio.
En sí, las votaciones transcurrieron con normalidad. No hubo especiales sobresaltos y quizás lo más destacable es que mi mesa, a las 14 horas ya habían votado casi el 50% del censo, lo que presagiaba una gran participación, pero la tarde fue mucho más tranquila y acabamos cerrando la mesa con un 70% de participación, más o menos.
A las ocho menos un minuto entró el último rezagado, votó rodeado de cámaras del diario Qué! y Televisión Española y se fue bastante sorprendido de la expectación. Se cerraron las puertas y se procedió a acabar el procedimiento, que consiste en introducir en la urna los votos por correo para cerrar votando los vocales y la pressssidenta o sssssssea.
Y a contar. Se rompe el precinto de la urna y se ponen a contar los votos. La cosa hubiera sido mucho más ágil si no fuera por la pressssidenta o sssssssea, ya que un proceso que podría haber concluído a las 9 y media, acabó a las 11 y media. Pero bueno, no ahondaremos en mis desgracias y en la escasa capacidad de la sussssssodicha para saber de lo que le estaban hablando. Digamos simplemente que contamos y fuimos felices.
Por si a alguien le interesa, me di cuenta ayer de que vivo en un barrio claramente dominado por el PP, donde casi triplicó los votos del PSOE. Me llamaron además poderosísimamente la atención los tres votos de la Falange y los dos del Partido Antitaurino. Se constató el batacazo de Izquierda Unida y el escaso interés demostrado hacia Unitat per les Illes.
Vamos, que resumiendo, casi 16 horas de curro, una presidenta pija, unos apoderados borrachos, unas jubiladas organizadas y todo ello encima cobrando 60 euros. No se me ocurre nada mejor que hacer en domingo. Y encima el Mallorca le metió 7 el Recreativo.








