A pesar de que ni él mismo se aclara, David Bisbal es un tipo que no me cae mal del todo. No sé, será ese aire de “aquí me han puesto y a disfrutar que son dos días”. Pero que la SGAE, consciente o inconscientemente, quiera lavar su cara a costa de sus rizos me parece que ya es dejarse tomar el pelo (literalmente) en exceso.
Esta mañana desayunaba con la noticia de que el triunfito se corta los rizos y donará los beneficios de los derechos de autor de una de sus canciones a una ONG. Respecto al tema de los rizos, él sabrá. Después de que la princesa Amidala cambiara las ensaimadas orejeras por la pelusilla al uno, estos actos de contricción ya no me abruman.
Pero la frase “los beneficios de los derechos de autor” ya sí que me produce una cierta urticaria, y no sólo porque los derechos de autor sean o no de Bisbal (que ya sería raro, pero como no lo sé, no lo afirmo). Cuando uno dice “los beneficios de algo” siempre da a entender de que “hay que cubrir los gastos”. Los gastos de los derechos de autor son los propios de gestión, es decir, los de la SGAE. Luego la SGAE, descontado lo suyo, paga a Bisbal (o al autor) el resto, y de ahí, a la ONG.
No sé los términos del acuerdo. Aun así, lo que la noticia deja entrever es que las entidades de gestión de los derechos de autor (mayormente la SGAE) se preocupan por temas sociales, cuando básicamente lo que hacen es preocuparse de ellas mismas. Si el titular fuera “donará los derechos de autor” me parecería incluso perfecto, pero lo de “donará los beneficios” deja más patentes las formas de actuar de cada uno. Quizás la culpa no sea, esta vez, de la SGAE, y sí del titular periodístico, pero anda que no es sospechoso. Y si me equivoco, estaré encantado de reconocerlo y seré el primero en alabar tan bella acción.
Pero no lo digo porque sí. A modo de ejemplo, hará cosa de cuatro años, en un concierto benéfico, el autor me firmó una hoja que decía que renunciaba al cobro de los derechos de autor producidos en ese concierto, y la SGAE, a través de su inspector, me dijo que sí, que estupendo, que el autor renunciaba, pero la SGAE no, así que me devolverían no el 100% de los derechos, sino el 83%, ya que a su 17% ellos no renunciaban (después de pagar el 100%, no nos olvidemos). Y así hicieron. Pagué el 100% y me devolvieron el 83%. Como veis, ni por fines sociales ni por cualquier otra causa.





















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