Si yo perteneciera a un club selecto en el que sus miembros me mienten y/o engañan para seguir perteneciendo a él, sólo me cabrían dos posibilidades:

1.- Sacar del club al socio mentiroso , ó

2.- Irme yo mismo del club, si el resto de socios miran para otro lado.

Lo que está sucediendo en la Unión Europea con Grecia es algo parecido. No quiero pecar de simplista, pero Grecia nos mintió haciéndonos creer que cumplía con el Tratado de Maastrich, hasta que le pillamos con los pantalones bajados. Sin embargo, en lugar de expulsarla del club, lo que hacemos es salir en su defensa, todos juntos, e inyectarles 80.000 millones de euros para que se recuperen.

Si Grecia no cumple, no entiendo por qué le dejamos seguir. Si por el contrario, la culpa es de la Unión Europea que miraba para otro lado y ahora se siente culpable, lo que tenemos que hacer es salirnos de ese club nosotros. Y si finalmente de lo que se trata es de un ataque de generosidad sin precedentes por parte de la Unión Europea, hay países cuya población se muere literalmente de hambre y de enfermedades perfectamente curables en el primer mundo a los cuales no les hemos hecho ni puñetero caso desde que tenemos uso de razón (si es que lo hemos tenido alguna vez) y que lo necesitan, por tanto, muchísimo más.

Si los bancos entran en crisis, ahí vamos nosotros con la milmillonada de turno. Si es Grecia quien se descalabra, los miles de millones de préstamo van con seis cifras. Si es Etiopía, Congo, Somalia o Camerún, necesitamos un acuerdo masivo para destinar el 0’7% del PIB de cada país que, por cierto, casi nadie cumple.

Groucho tenía razón: “nunca pertenecería a un club que me admitiera a mí como socio”.

Categories: Empresa, Politica

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