Como promotor de conciertos en Deacorde Producciones, me llegan constantamente correos electrónicos de managers, agencias, artistas, grupos o bandas que quieren que les contratemos. Es normal, me dedico a eso y siempre es agradable ver qué se hace musicalmente hablando por el mundo.

Suelo catalogar estos correos en dos grupos: el spam de las agencias de contratación por un lado, y los artistas que no tienen estas agencias por otro.

La mayoría de los primeros (agencias) suelen creer que por enviarte 100 veces al mes que tienen para su contratación a “Megartista López”, te van a entrar ganas de contratarle. Y si da la casualidad de que quizás te pueda interesar y les contestas con un “tal vez me pueda interesar”, te suelen responder con un circunloquio digno de análisis, como si hubieras sido tú el que te murieras de ganas por contratar: “bueno, el artista no gira hasta octubre de 2010″, “si no me dices fecha y recinto no puedo darte el caché y las condiciones”, “dime a qué precio vas a poner las entradas”, etc…

También suele ocurrir que ese spam, además de no personalizarlo para mi productora, es decir, además de no saber a quien se lo envían, tenemos que añadir que lo que mandan es un listado de artistas totalmente inconexos entre ellos: desde una banda de jazz clásico a una de heavy metal. Como te podrás imaginar, la gestión de un concierto de unos no tiene absolutamente nada que ver con los otros, y desde el punto de vista del marketing, vender a uno no tiene nada que ver con vender al otro. Y además al no tener idea de nuestra ubicación geográfica, ocurren casos como el que ya conté hace algún tiempo.

Con la actual crisis, este modelo de marketing artístico debería tender a desaparecer. Y con el uso de las nuevas tecnologías, donde cualquier artista puede incluso producirse los discos en su casa, aún más. He visto (y contratado) casos paradigmáticos de cómo la situación está cambiando mediante el uso de redes sociales, web 2.0 y nula intermediación de la industria y de una cadena de valor que aporta muy poco: llevarse el 10% por enviar spam a ver si alguien pica no tiene mérito ni razón de ser.

Pero como decía al principio, existe un segundo grupo de correos electrónicos enviados por artistas que no tienen management ni agencias de contratación. Son por tanto ellos mismos los que se buscan las habichuelas. Salvando las distancias (o no tanto), lo que suelo recibir es algo así como una carta para una entrevista de trabajo. Pero por desgracia es una carta muy mal redactada, con escaso interés y con casi ninguna explicación del motivo del correo.

En este caso suelo recibir un correo escueto con una frase lapidaria tipo “quizás os pueda interesar para contratarnos” o “somos el grupo Agachupín. En MySpace tienes más información de lo que hacemos”. Llevan un archivo PDF anexo que pesa alrededor de 4 MB con fotos de un concierto en alguna sala conocida o en las verbenas del pueblo. ni siquiera sé si es un grupo de jazz, rock, folk o techno.

Del mismo modo que para una entrevista de trabajo prepararía una carta de presentación y un currículum en condiciones, no se me ocurriría escribir al director de recursos humanos de cualquier empresa con una frase tipo “mira mi perfil en Facebook por si te interesa contratarme” y una foto mía de 4 MB anexada al correo donde se me ve en una mesa de oficina tecleándole al ordenador.

No soy un especialista en marketing artístico, pero sí un potencial comprador. Y desde esta perspectiva este sistema de venta es malísimo. El artista debería tener claro cuál es su producto y en qué se distingue del resto. Si quieren captar mi atención deberían indicarme lo que hacen sin que tenga que ponerme a googlear como un loco. Quizás deberían conocerme un poco, el tipo de conciertos que hago y donde los hago.

Es muy de agradecer cuando recibo una carta personalizada donde me llaman por mi nombre, que creen que lo que hacen encaja con mi empresa, donde se presentan aludiendo a su estilo musical, enumeran algunas referencias, mencionan su página web y dos o tres cosas más. Lo suficiente para ver que se han interesado y molestado.

En el caso de las agencias, en muchos casos existe una falta de profesionalidad mayúscula y un total desconocimiento de las herramientas de venta en tiempos de crisis. En el caso de los “autónomos”, además de lo anterior, lo que existe suele ser una falta de vocación de venta: tengo muchas ganas de tocar, pero no me pidas que gestione un negocio.

Cambiando un poco estas formas, muchos grupos tendrían con total seguridad, más bolos.

Categories: Marketing, Musica

Leave a Reply


Twitter updates