El lujo en un huevo frito

06 jun
2013-06-06T13:26:29+00:000000002930201306

En las últimas semanas he participado en un par de mesas redondas en las que me han pedido mi visión del lujo. No es que yo sea un experto en el área, pero desde que creamos ChefSins como “asociación” de chefs de alta gastronomía parece que sí que existe una relación directa entre turismo, gastronomía y lujo. Agradezco que, como director del proyecto, consideren que tengo algo que decir al respecto.

De lo que he oído en esas mesas, existe una acepción del lujo como algo “exclusivo” por el hecho de ser caro. Las cosas son “de lujo” porque pocos se lo pueden permitir y en el momento en el que cualquiera se lo pueda permitir, entonces ya dejará de ser lujo. De hecho, parece que el lujo va revestido de cosas que empiezan por “ex”: exclusividad, excelencia, extraordinario, extravagante…

Sin embargo, para mí, el “ex” más importante en el lujo es la “experiencia”. Para ello puse el ejemplo de un simple huevo frito: a priori no es un producto exclusivo, ni excelente, ni extraordinario, ni mucho menos extravagante. En sí, no tiene nada más. Pero si el huevo frito te lo coge del gallinero, prepara y sirve en tu presencia un chef con dos estrellas Michelín, en una mesa especial para ti solo en el huerto de su cocina, que está a la vez en los terrenos de un hotel de cinco estrellas, el huevo frito trasciende de su condición de embrión sin futuro a experiencia casi mística que uno puede contar a sus amigos para que se mueran de envidia.

Pero no basta. Si el chef hace el mismo huevo frito en el mismo lugar y con el mismo procedimiento, pero para 400 personas, la experiencia queda devaluada. El lujo es una experiencia “personal” o “individualizada”. Eso lleva también a que la percepción del lujo es subjetiva (a mí particularmente el lujo como ostentación me parece una horterada supina en muchos casos, pero puedo entender que haya gente a la que le guste).

Poseer un megayate es un lujo. Si no lo tienes, pero te invitan a pasar una semana en uno de ellos, también. Incluso si eres ruso, tienes un megayate y veraneas en Mallorca, que un mallorquín te invite a pescar calamares en su llaüt de 20 palmos, también.

En resumen, que haya un hilo directo entre lujo y bolsillo no implica que no haya otro hilo directo entre lujo y corazón igual de válido.

 

Tags: , , , , , ,

Una Respuesta a “El lujo en un huevo frito”

  1. Amparo dice:

    No podría estar más de acuerdo… sin hacerle ascos a cualquier invitación, claro!!!, ;-)

Deja un comentario