Dos semanas seguidas de lluvia y mal tiempo en general hacían presagiar lo peor. Teníamos planificado el segundo concierto de ciclo “La Música, Patrimoni de Tots” en el Claustro de Montesión, pero con la que estaba cayendo la cancelación se cernía sobre nuestras cabezas. Por suerte, se nos ocurrió la brillante idea de trasladar el concierto a la Iglesia, de forma que, aunque la acústica no era la misma, el entorno histórico seguía siendo impresionante y Tugores era exactamente el mismo. Así que allá nos fuimos, que se estaba mucho mejor. He dejado algunas fotos del evento aquí.

Con los jesuítas echándonos el aliento en la nuca para que no se desmadrara la situación, arrancó con 15 minutos de retraso el concierto. En honor a la verdad, arrancó nuevamente el historiador Gaspar Valero quien hizo los honores, recorrió históricamente la Iglesia y presentó al artista.

Tugores, acompañado de Pep a la batería y Adrià al bajo, experimentó para mí un cambio muy significativo desde la última vez que le vi, hace dos años en el Teatre del Mar. No es sólo que fuera mucho más preciso, sino que, sobre todo, su interacción con el público fue exquisita, y eso es lo que hace que un artista gane puntos y adeptos a la causa. En cuanto al repertorio, combinó sus canciones con algunas versiones instrumentales de bandas sonoras compuestas por el ex-Dire Straits, Mark Knopfler, para deleite de los que nos criamos con La Princesa Prometida o Local Hero.

Por mi parte, disfruté de un gran concierto, pero sobre todo, de una gran compañía. Tugores ha madurado como artista y tiene en manos de Jorge Gil un gran manager que estoy convencido que sabrá catapultarle al reconocimiento internacional.

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