Si ya de por sí son tristes los domingos en Palma, por no haber absolutamente nada que hacer, más pena da encontrarse esto.
Eran más de las 11 de la mañana en Ses Voltes. Habíamos ido a ver una exposición (en la que por supuesto no había nadie más que el guarda de seguridad, que ni saludó de lo aburrido que estaba). Tiempo para limpiar habían tenido. No había ball de bot ni ninguna actividad (como casi siempre). No sé si me preocupó más que mi propio hijo no pudiera corretear por allí de lo asqueroso que estaba, o bien la cara de estupefacción que se les quedó al centenar de turistas que estaban observando desde la muralla.
Si el Ayuntamiento autorizó para la noche anterior un concierto (por cierto, organizado por la CNT contra la SGAE), ya sabía que después habría que pasar por allí con el Mister Propper. No hacerlo es un acto de irresponsabilidad.









