No éramos muchos más de 200 los que ayer nos reunimos en el Teatre Xesc Forteza para disfrutar del espectáculo. A los nervios habituales de una producción en la que te la juegas con la taquilla, tenía que sumar el hecho de que artísticamente, a pesar de ser dos grandes maestros por separado, conjugar el jazz de Iñaki con el cantautoreo flamenquillo de Ruibal, a priori, quizás podría ser algo incomprendido por el público.
Pues bien, a la primera canción ya quedó disipado el temor. Es más, me resultó muy de agradecer que las canciones de Ruibal que he escuchado mil veces tuvieran en las manos de Iñaki Salvador una nueva perspectiva. Particularmente, “La flor de Estambul”, a piano, me puso los pelos como escarpias.
La producción, como siempre, fue impecable. Joan Ribas se lució en la parte técnica hasta el punto de recibir las felicitaciones de músicos allí presentes: Javier e Iñaki, por supuesto, pero también Jaime Anglada (casi de camino hacia el paritorio, por cierto (¡enhorabuena!)) o Riki López.
Es de justicia reconocer el trabajo de todo el personal del teatro, que demostró su profesionalidad, desde la parte técnica de iluminación (gracias, Alonso, por tan buen trabajo) hasta el personal de seguridad o taquillas.
Pero como viene siendo habitual en las producciones de Deacorde, lo bueno viene después. Una vez acabado y recogido, nos fuimos a cenar al único restaurante que encontramos abierto a las once y media de la noche y acabamos después en un local llamado “Twins” cerca de Avenida Argentina, donde todo se confabuló para que fuera memorable. El dueño del local, riojano de mediana edad y fabricante de caipirinhas (suficientemente “cargadas” como para no tener que hacer dos viajes, la verdad), y músico durante muchos años, se prestó enseguida al juego, sacando de un armario un acordeón que Iñaki hizo suyo inmediatamente. Javier no tuvo más remedio que coger su guitarra. Con nosotros estaba además Riki López, que parte mañana para Argentina a difrutar de un año sabático.
Allí hubo magia, una cachimba y quizás demasiadas dosis de alcohol. Allí se cantaron “Dama de mis días”, “Fragile”, “Ave del Paraíso” e incluso “El busto es mío”. Canciones a pelo, sin adornos técnicos, con mucho humor y buen rollito.
Qué delicia cuando, además de brillantes profesionales, son personas que te hacen sentir a gusto con la vida. Buscaremos el momento para repetirlo. Sólo es cuestión de tiempo.








