Ayer tuve la suerte de compartir unas horas con diferentes altos directivos de grandes empresas mallorquinas. Gran parte de la conversación, claro, se centró en la crisis, sus causas, posibles consecuencias y medidas a adoptar.

Me llamaron la atención varias cosas. Para empezar, que la visión que se tiene desde arriba de la empresa no tiene en absoluto nada que ver que lo que se ve desde abajo o desde fuera. Tomando como ejemplo la supuesta crisis y el ya seguro cierre de Futura, mientras yo me dedicaba a poner en duda la legitimidad del hecho en sí y de cómo los accionistas de la empresa han sido víctimas de una tomadura de pelo generalizada, ellos se centraban en el modelo de negocio y cómo una empresa mal gestionada por un modelo de negocio mal establecido abocó a una empresa rentable en épocas de bonanza a la quiebra más absoluta. Una simple frase bastó para convencerme: “mientras el mercado consideró que subarrendar aviones con su tripulación era rentable, a Futura le fue magníficamente. Cuando la crisis pegó más fuerte, deshacerse de Futura fue de lo más sencillo para sus propios clientes”.

No estábamos analizando el caso de Futura en particular, sino más bien de cómo la crisis pondrá a cada uno en su sitio. Se hablaron de muchos otros casos, y uno particularmente me pareció muy significativo. Cuando hablaba en este mismo blog de mi “propuesta” de buscar responsabilidades penales a las actuaciones de los bancos, cajas, fondos de inversión, etc. me dieron totalmente la razón, pero añadieron una cláusula adicional: “si quieres meter al presidente de Sa Nostra (por poner un ejemplo) en prisión, igual hasta se ofrece el mismo para que le pongas las esposas, pero previamente cantará de lo lindo acerca de por qué se han concedido los créditos, a quién se han concedido y quién ha sido el político que lo exigió. Recuerda que las Cajas de Ahorros dependen de las Comunidades Autónomas y, por lo tanto, son instituciones totalmente politizadas. Esto debería servirte de explicación de por qué nadie irá a prisión”.

De medidas contra la crisis, también se habló. La mayoría de ellas poco o muy poco viables sin valentía política. La principal, la amnistía fiscal. Explicado a grosso modo, dar luz verde durante un tiempo (meses) para que aflore todo el dinero negro que se generó durante el boom inmobiliario (a nadie se le escapa que se pagan las casas en A y en B) y que la gente pueda meterlos de nuevo en circulación (principalmente en los bancos) y de esta manera volverían a ser solventes, a estar financiados y encima nos quitaría la rémora de tantos y tantos billetes de 500 euros en botes de Colacao. Esto también evitaría un hipotético (pero no descartable) “corralito” como el de Argentina.

En definitiva, disfruté de lo lindo de la jornada y de la conversación, aunque me dejó con mucho miedo en el cuerpo. Lo que tiene que venir parece que será aún peor que lo que tenemos ahora. Habrá que ser paciente y conservar la calma. Incluso ver qué hacen los políticos al respecto.