Unos amigos viven de alquiler en Son Caliu (Palmanova – Calvià) desde hace un par de años, cuando la dueña del piso (prima de los inquilinos, para más señas) se fue a vivir a Estados Unidos. La vivienda en cuestión es un bajo en un bloque de dos alturas y reza el cartel “VPO” en la entrada. La prima pagó 9 millones de pesetas (54.000 euros) hace unos 5 años por un piso no muy grande (tres habitaciones) y un poco de terreno donde poner un poco de césped y varias macetas.

Pasado este tiempo, la prima regresa de Estados Unidos y decide volver a la casa (como es lógico), por lo que “saca” a sus inquilinos y se establece durante tres meses, después de los cuáles dice que va a vender la casa por 65 millones de pesetas (390.000 euros), es decir, acumulando una revalorización del 722% (un 144% anual). En términos de nómina, 5.600 euros al mes desde hace 5 años.

De este modo, resulta que todos los españoles somos partícipes del sistema de ladrillo protegido, por el que uno se puede hacer con un piso estupendo por un precio muy por debajo del mercado, para venderlo luego al poco tiempo por un precio supuestamente de mercado, aunque sea una barbaridad. Volviendo a los términos de nómina, si accedes a una VPO por ser mileurista, automáticamente te conviertes en una persona con una nómina de casi un kilo al mes. Sin hacer nada. De hecho, te puedes ir a Estados Unidos a vivir varios años.

Moraleja: o se trata de una aplicación mejorada y ampliada de la parábola de los Talentos, o aquí hay que intervenir porque se consiente un fraude al permitir el Estado financiar a sus ciudadanos para labores meramente especulativas.