Si alguna vez te ha pasado que te han dado a probar un vino y no has sabido decir más que “es tinto”, partiendo de la base de que tus compañeros de mesa habitualmente todavía saben menos que tú, mi recomendación es que te aprendas una nota de cata de memoria y la recites delante de tus amigos. Ya sabes, primero meneas la copa y observas el vino, después lo vuelves a menear y lo hueles, y para acabar pruebas un sorbito y haces como que te enjuagas la boca con licor del polo. Hecho esto, dices, por ejemplo:

Color prácticamente negro, opaco totalmente, con un menisco vivo, brillante. Aroma de buena intensidad, muy complejo y elegante, percibiéndose sensaciones de pasas, dátiles, café, chocolate, canela, algarroba y arrope, con un lógico fondo cetónico. En boca es rico, sabroso, repitiéndose las sensaciones de nariz y con un final muy, muy persistente.

Y quedas como un rey. Nadie te va a discutir si sabe a café o es elegante.