Ya soy oficialmente Patrón de Yate (PY). Tenía ya en mis manos el PER (Patrón de Embarcaciones de Recreo), lo cual me permitía con suficiencia manejar mi velero, pero creo que en el mar, todo lo que signifique añadir más conocimientos y experiencias nunca está de más.

Con el PY puedo llevar embarcaciones de hasta 20 metros de eslora y hasta 60 millas de la costa, lo que a efectos prácticos me permite navegar por todo el Mediterráneo. A día de hoy no es que tenga intención de salir de las islas, pero nunca se sabe. Igual me animo a ir hasta Alicante a ver la salida de la Volvo Ocean Race 2008-2009.

Hay dos maneras de sacarse el título: ir por libre o apuntarse a una escuela. Yo opté por la segunda opción, concretamente en la Escuela del Mar, una opción infinatemente más cara que la primera, pero con mayores garantías. Tantas que aprobé los 5 exámenes a la primera (navegación, seguridad, legislación, meteorología y procedimientos radiotelefónicos), cosa que ni yo mismo esperaba. De hecho, estaba tan seguro de que iba a suspender algo que había hecho una apuesta con mi hermano (que también se presentaba) por la que si aprobábamos todo a la primera el año que viene nos apuntábamos a Capitán de Yate (CY). O sea que ahora tenemos que llegar a un acuerdo para olvidarnos de la apuesta.

En cuanto a las prácticas, igual que la teoría. Puedes ir por libre a hacerlas con el barco de la escuela. Tambien opté hacerlas con ellos, concretamente en su Bavaria de 47 pies, llamado Tres Mares. Es mucho más sencillo y mucho más caro, pero vale la pena. Eso sí, los profesores están adoctrinándote de un modo que a mi particularmente no me entusiasma, y es a base de contarte las desgracias que suceden. Tuve la sensación durante todo el periodo de prácticas que iba montado sobre una bomba nuclear que podía estallar en cualquier momento, que me exponía constantemente a quedarme sin dedos, manos, brazos, pies o piernas, que me iba a quedar sin mujer e hijos porque un golpe de mar se los llevará por no llevar arneses y que luego no sabré hacer una maniobra de rescate, etc. Es bien cierto que ocurren estas cosas. Ojalá no me pasen nunca a mi, pero tampoco me ilusiona tener una embarcación de recreo para ir a ella con miedo constante o en aplicación directa de la ley de Murphy. Hay que ser muy prudente y tener mucho sentido común, como cuando conduces un coche.

En definitiva, si alguien tiene un yate de 20 metros y no le está dando mucho uso, que se ponga en contacto conmigo y siempre podremos llegar a un acuerdo.

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