Hablaba esta mañana con mi amigo Pancho al respecto de un proyecto de una empresa local en el que estamos ambos trabajando. Sin entrar demasiado en detalles, se trata de llevar a la práctica una estrategia de comunicación corporativa basada en el uso de redes sociales.

El proyecto tiene todos los visos, a priori, de ser un éxito. El cliente quiere utilizar las redes sociales y Pancho, sobre todo, es un experto en el tema. Todo encaja. El cliente pidió un curso que lo enseñara todo, y nosotros se lo dimos. Pero, sin embargo nos hemos dado cuenta de que el proyecto chirría por más de un sitio y hemos tenido que repensar la estrategia.

El trasfondo del problema resulta ser más simple de lo que creíamos. La velocidad con la que el cliente entiende lo que está haciendo y el esfuerzo que le supone permenecer, actualizar y sacar rendimiento a su proyecto, es lenta. Son diésel. Y por otro lado estamos nosotros que, por el simple hecho de estar manejando redes sociales todos los días, somos más rápidos en entender lo que sucede y reaccionar en consecuencia. Somos gasolina.

Cuando planteamos el proyecto, sabíamos a dónde queríamos llegar, tanto nosotros como el propio cliente. Lo que no es tan sencillo es qué camino seguir para llegar y el vehículo utilizado. Nosotros vimos una estrategia global, pero cuando tienes que sentarte delante de un blog y contestar a todos los comentarios, actualizar Twitter varias veces al día, agregar fans en Facebook y, en definitiva, generar contenidos utilizando múltiples plataformas, no puedes esperar que todo salga como si estuviera perfectamente lubricado, sobre todo cuando quien tiene que hacerlo necesita haber adquirido soltura y experiencia, tanto en el uso de cada plataforma individual como en su visión de conjunto.

Parece un hecho demostrado que las redes sociales, comunidades virtuales y todo aquello que huele a web 2.0 ha venido para quedarse, pero este post está escrito en 2010 y aún hay muchísima gente y, sobre todo, muchísimas empresas, que funcionan con diésel. Si atosigamos mucho para que vayan a gasolina, igual lo que conseguimos es ni arrancar el motor. O peor aún, un grave accidente.

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