Es una vergüenza contemplar lo de La Real. Lo que empezó siendo un movimiento vecinal legítimo se ha convertido en un paripé político que da pena verlo. A los de La Real les emplean, unos y otros, para conseguir votos y/o desgaste político, y mientras tanto, determinados miembros de la plataforma se vanaglorian de su incultura. Algunos hay que dicen, todavía, “estos no volverán el año que viene”, después de haber roto la caña a algún romero perplejo y pensando que las batallas políticas se ganan insultando al personal.
Del mismo modo, es una vergüenza que desde una institución política como el Ayuntamiento de Palma se haga proselitismo quejándose de que a los representantes democráticamente elegidos no se les dejó pasar. Ahora va a resultar que los políticos de otro color legítimamente elegidos para representarnos en el Ayuntamiento no son democráticos o no se les dejó pasar tampoco. Lo de siempre. Las mayorías absolutas vuelven absolutamente invisibles a los de la oposición y, por ende, a la ciudadanía.
Instar a la gente a participar políticamente en una romería que nada tiene que ver con política, y mucho con la religión y, si me apuran, con la cultura, es como si el obispo instara a celebrar misa en el salón de plenos de Cort. Ni tiene sentido, ni es el lugar, ni le han invitado a hacerlo. Pues lo mismo ocurre con la dichosa romería. Querer tocar las narices hasta este punto para ganar titulares en algunos medios deja a un nivel ético a la altura de las cucarachas a los políticos que lo fomentan (con perdón de las cucarachas).
También es una vergüenza que determinados miembros de la Plataforma Salvem La Real, y de espaldas a ella, convoquen a las juventudes de izquierda para contramanifestarse basándose en un presunto “quid pro quo” por el cuál si Nuevas Generaciones del PP traen gente de la península para ser “romeros por un día”, yo puedo invitar a maulets republicanos o jóvenes del PSM. Dar la espalda y silbar, como proponía la Plataforma era suficiente. Incluso, como alguien propuso, guardar silencio estricto y poner la música de fondo de “El Padrino”, mientras se les hacen reverencias al pasar y se les arrojan billetes falsos de 500 euros. Gritarles, intimidarles, insultarles o romperles las cañas destroza lo que tanto llevan luchando frailes y vecinos.
Va siendo hora que algunos miembros de la Plataforma (los mismos de siempre) abandonen y dejen trabajar tranquilos a los que están haciendo realmente bien las cosas. Y si no quieren, va siendo hora de que se rescinda la Plataforma y que actúe cada uno por su lado. Salvem La Real era un buen comienzo para salvar el Monasterio de La Real, pero quizás el defensor se haya convertido en asaltante y ahora toque salvar a Salvem La Real para que su propia gente no sea responsable de su hundimiento. Una plataforma que ha servido de ejemplo reivindicativo a tantas otras asociaciones de las islas tiene una responsabilidad mayor de la que algunos energúmenos se empeñan en ignorar.
Y no olvidemos que, construyan o no el hospital en Son Espases, sin la Plataforma no hubiéramos sabido cómo se han repartido el pastel los políticos y los constructores, cómo desde todas las instancias se especuló con los terrenos, cómo se han ido posicionando políticos, empresarios y medios de comunicación, como nos roban a los ciudadanos para sacar provecho personal y como, siempre, hay gente dispuesta a arriesgarlo todo para no vivir de rodillas muriendo de pie si es preciso.
Salvar a Salvem La Real debería ser objetivo prioritario, tanto por el monasterio como por nuestra propia conciencia, ética y responsabilidad social.
Hay hombres que luchan un dia y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. (Bertold Bretch)







