Sí hubo cobertura GPRS, pero no hubo ganas de utilizarla. Así que la crónica de las vacaciones viene aquí compactada:

Es decir, relax, descanso, solete, mar, playita y navegación. Aún así cabe hacer dos comentarios al respecto de Formentera sobre los que vale la pena abundar:

1.- El boyero del año pasado debe haberse retirado a alguna población sin mar (por ejemplo, Cuenca) después del mal trago que le hicimos pasar. Este año no estaba, y en su lugar han puesto a otro boyero, con la misma lancha pero infinítamente más simpático, que te daba incluso los buenos días. Para los interesados en ir por allí, deciros que hay unas 50 boyas que hay que reservar previamente, la inmensa mayoría para barcos de hasta 20 metros, pero que hay dos zonas de fondeo libre a izquierda y derecha del campo de boyas, en las que sólo puedes estar dos días seguidos y, si quieres volver, tienes que esperar una semana. Tengo que decir que yo nunca había visto tanto barco fondeado en s’Espalmador. Basta deciros que se paseaba un argentino con una patera vendiendo sushi y sashimi a los barcos.

2.- El Puerto de La Savina, el único de Formentera, es ya una imagen patética de lo que pretendemos que sean nuestras islas. Los amarres para barcos “convencionales” han desaparecido (sólo quedan 15 en todo el puerto) para dar paso a grandes yates de más de 30 metros. Eso es algo que ya existía el año pasado, pero que se ha visto corregido y aumentado y sabemos además que no va a quedar así la cosa y todavía van a reducirlo más. Poner gasoil es muy complicado, y rellenar los tanques de agua potable, directamente imposible. La concesionaria del puerto ha decidido que así hace mucha más pasta y que la utilidad pública del único puerto y los negocios de alrededor se la traen al pairo. Por eso, imagino, un plato de paella y una cerveza nos salió a 37 euros por cabeza. Con este precio ya te aseguro yo que estaba buenísima. Y el servicio, pésimo.

La semana que viene, Menorca. A ver qué tal.

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