Ríos de confrontación política se ciernen sobre nosotros a costa del manido nuevo carril bici de las Avenidas de Palma. Es lo que tiene reducir de tres carriles a dos una avenida con alta intensidad de tráfico. Ríos de demagogia mediática a costa del colapso/retención son prácticamente imprescindibles.

La cosa va así: si voy en coche y me quitan un carril, protesto. No me planteo utilizar otro medio de transporte (bici, moto, bus, taxi o incluso caminar). Si aún así mantengo el coche como opción, no me planteo utilizar rutas alternativas a las Avenidas. Convertir o transformar, aunque sea poco a poco, la ciudad en un lugar más humano y habitable siempre tendrá en contra a aquellos que están bien como están. Pero el problema, que no sé si es conservadurismo contra progresismo, necesita que alguien ofrezca soluciones.

Cualquiera que haya pasado estos días por las Avenidas habrá comprobado lo gracioso que resulta ver cómo hay dos carriles totalmente atascados junto a un carril bus/taxi completamente libre. Y la culpa la tiene el carril bici y no el carril bus (por supuesto). Quizás la policía local de Palma podría, en hora punta, habilitar también este carril para el uso de vehículos de transporte privado, igual que se habilitan carriles en las autopistas de la península en las entradas a las grandes ciudades, por poner un ejemplo. O podríamos aprender de ciudades como Amsterdam o Copenague, pero claro, si proponemos soluciones ya no podremos practicar el deporte nacional de poner objeciones a todo, venga o no a cuento. Y encima logramos el objetivo de desviar la atención del Palma Arena, los botes de Colacao, los pagos de campañas publicitarias, etc.

Qué bonita es la política cuando no tienes ciudadanos, sino fans.