Habría que explicarles a las nuevas generaciones que no sólo se navega por internet, que hay un mar, con peces y con olas, sobre el que se puede también navegar. Tan sólo hemos cambiado la madera de los cascos por la fibra de carbono y el sextante por el GPS, pero básicamente es lo mismo; hay un viento que hincha unas velas y empuja a un barco.
Hay que estar un poco sonado para dar la vuelta al mundo en velero. Menos mal que las nuevas tecnologías nos permiten apuntarnos al carro desde la comodidad de nuestra casa. Es el caso de la Volvo Ocean Race. Siete barcos, a razón de diez tripulantes cada uno, están dando la vuelta al mundo, compitiendo entre ellos en etapas de 6000 millas. La telemetría nos permite ver cuál es su rumbo, su velocidad, lo que les queda por navegar, la climatología que se están encontrando o desde dónde sopla el viento.
Lástima que no nos faciliten el teléfono móvil del patrón, para decirle que si sube un poco su latitud, posiblemente obtendrá mejores vientos.
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