Estos días de vacaciones hemos coincidido con Irene.
En apariencia, se trata de una chica normal (de hecho es una chica fenomenal), si no fuera porque ahora en verano, y en bikini, se le ve una cicatriz que va por debajo del pecho de lado a lado y baja por el costado.
Después de verla haciendo footing por la playa de s’Espalmador, buceando con su careta y manejando una piragua con total soltura, uno se pregunta cómo puede ser que hace tan solo un año le trasplantaran ambos pulmones.
Y todo es cuestión de puntos de vista. Yo me preguntaba cómo es posible sufrir una operación de ese tipo y estar tan alegre, jovial, disfrutando tanto y, en resumen, llevando una vida tan aparentemente normal. Pero es que el correcto es el otro punto de vista; el de una persona que no podía hacer prácticamente nada y estaba a la espera de que la fibrosis quística no se la llevara más temprano que tarde, como le ocurrió a su hermano también hace aproximadamente un año.
Irene ha salvado su vida gracias a la generosidad de otra persona que perdió la suya y, como regalo supremo le dijo algo así como “toma, yo no necesitaré mis pulmones allí a donde voy”.
Me ha impresionado mucho su coraje, su valor, su ilusión por la vida, su entrega y su constancia y pienso cuánto de eso nos hace falta a la gran mayoría de seres humanos.
Gracias Irene por la gran lección que me has dado.








Es en estos casos, cuando uno se da cuenta del poco valor que le damos a las cosas. Un saludo Miguel Angel.