Pasada la resaca del cumpleaños, tocaba volver a hacerse a la mar, pero no muy lejos, que la idea era permanecer cerca de la Colonia de Sant Pere.
Después del desperece inicial, decidimos poner rumbo al Caló de Betlem, donde nos esperaba, como el resto de los días, un mar plano, aguas limpias y mucha tranquilidad. El inconveniente fue el viento constante de 15 nudos absolutamente sofocante; un aire hirviendo que nos hizo pasar el día en el agua y nos obligo a soltarnos y fondear cada uno en donde pudo, ya que el suelo es de rocas y era muy fácil garrear.
Nos acompañó Ferran en esta travesía, aunque mañana parte con David y su barco a dar también la vuelta a Mallorca (les dió cierta envidia nuestra situación). En definitiva, buena compañía y buen día de asueto. Hemos vuelto a puerto a eso de las siete de la tarde y aquí nos quedaremos a cenar y mañana partiremos rumbo a Portocristo, después de ver el parte y observar que mañana va a hacer bueno, pero el viernes por la mañana dan rachas de fuerza 5 y preferimos ir tranquilos y, si nos pilla, que sea en puerto.
¡Mañana más!








